La vida inutil de...
Haciendo caso a la idea de este subforo coloco muy brevemente la manera en que llegué a este paso de ser ateo:
La Vida Inútil del Bizcocho de Montecristo
Nací y crecí en una familia católica. Mi padre era un fanático de la religión (ya no lo es), de esos que nos hacían ir cada domingo a misa.
A los 12 años, después de haber hecho la primera comunión, entré como voluntario al servicio de la iglesia en una parroquia cercana a mi casa. Empecé como aprendiz, después fui maestro de catecismo, participé en los equipos litúrgicos, fui coordinador juvenil, casi entro al seminario... entre muchas otras cosas que hice en un lapso de 10 años (1990-2000), que fue el tiempo que permanecí en ese ambiente.
Durante ese tiempo ocurrieron 2 evoluciones en mí: la primera, intelectualmente, al leer cuanto libro podía para aumentar mis conocimientos, especialmente sobre protestantismo, después me extendí a otras religiones y temas como el ateismo y el satanismo. Incluso me ofrecieron pagarme un diplomado sobre demoniología que, absurdamente, rechacé (y no saben cuanto lo lamento). Mis lecturas me llevaron a enemistarme o por lo menos distanciarme de la gente que me rodeaba en la iglesia, ya que, a su manera de ver, me estaba desviando. Con el tiempo llegué a dudar y finalmente a negar que lo que enseñaba la iglesia fuera verdad y la abandoné. Seguía creyendo en la existencia de dios, pero no tenía idea de donde estaba y seguí buscando.
La segunda 'evolución' se dió vivencialmente, al ver que lo que aprendía en la iglesia era muy diferente a lo que la realidad me decía, jamás experimente alguna vivencia espiritual de la existencia de dios (con merecida minúscula), y no me refiero a 'sentir bonito', sino a ver o palpar alguna prueba en el mundo que me dijera 'dios existe', poco a poco fui perdiendo mi fe en eso y llegó el momento en que me hice totalmente ateo. Como muchos otros antes de mí empecé odiando y atacando con furia a quien creyera en dios, pero poco a poco y con mil esfuerzos he ido desarrollando algo de tolerancia. Pero con lo que sigo implacable es con las religiones, cuando se salen de sus tópicos y entran en temas que no les conciernen, como la intervención del clero en política, por ejemplo.
La Vida Inútil del Bizcocho de Montecristo
Nací y crecí en una familia católica. Mi padre era un fanático de la religión (ya no lo es), de esos que nos hacían ir cada domingo a misa.
A los 12 años, después de haber hecho la primera comunión, entré como voluntario al servicio de la iglesia en una parroquia cercana a mi casa. Empecé como aprendiz, después fui maestro de catecismo, participé en los equipos litúrgicos, fui coordinador juvenil, casi entro al seminario... entre muchas otras cosas que hice en un lapso de 10 años (1990-2000), que fue el tiempo que permanecí en ese ambiente.
Durante ese tiempo ocurrieron 2 evoluciones en mí: la primera, intelectualmente, al leer cuanto libro podía para aumentar mis conocimientos, especialmente sobre protestantismo, después me extendí a otras religiones y temas como el ateismo y el satanismo. Incluso me ofrecieron pagarme un diplomado sobre demoniología que, absurdamente, rechacé (y no saben cuanto lo lamento). Mis lecturas me llevaron a enemistarme o por lo menos distanciarme de la gente que me rodeaba en la iglesia, ya que, a su manera de ver, me estaba desviando. Con el tiempo llegué a dudar y finalmente a negar que lo que enseñaba la iglesia fuera verdad y la abandoné. Seguía creyendo en la existencia de dios, pero no tenía idea de donde estaba y seguí buscando.
La segunda 'evolución' se dió vivencialmente, al ver que lo que aprendía en la iglesia era muy diferente a lo que la realidad me decía, jamás experimente alguna vivencia espiritual de la existencia de dios (con merecida minúscula), y no me refiero a 'sentir bonito', sino a ver o palpar alguna prueba en el mundo que me dijera 'dios existe', poco a poco fui perdiendo mi fe en eso y llegó el momento en que me hice totalmente ateo. Como muchos otros antes de mí empecé odiando y atacando con furia a quien creyera en dios, pero poco a poco y con mil esfuerzos he ido desarrollando algo de tolerancia. Pero con lo que sigo implacable es con las religiones, cuando se salen de sus tópicos y entran en temas que no les conciernen, como la intervención del clero en política, por ejemplo.